viernes, 30 de marzo de 2012

Viernes de clásicos: "The host of Seraphim"


Mientras le echaba un vistazo a mi biblioteca musical me topé con "The host of Seraphim" de Dead Can Dance y desdí usarla para retomar mi gustada sección "viernes de clásicos". Quien haya escuchado a Dead Can Dance sabrá que es un proyecto musical que escapa a cualquier etiqueta de algún género en especial; algunos los han denominado como góticos, otros los denominan pomposamente como "dúo británico/australiano de neo-clásico etéreo" (...)

Algo de lo que sí estoy muy seguro es que en sus principios estuvieron bastante ligados al movimiento del rock gótico de los ochentas, pero se abstuvieron de meterle música punk, una tendencia imperante dentro de la escena de ese entonces. DCD rompió con paradigmas y fusionó una gran variedad de instrumentos que no eran tan comunes dentro de la música occidental y de ahí su principal aportación.

Una de sus grandes creaciones es sin duda "The host of Seraphim", oscura pieza musical de poco más de seis minutos en donde escuchamos la poderosa y etérea voz de Lissa Gerad, junto con un asombroso acompañamiento musical orquestado por Brendan Perry. Lo que provoca esta canción es equiparable a ver las escenas de la orgía de la mansión en la película "Eyes wide shut", de Stanley Kubrick, con la poderosa musicalización de Joselyn Pook.

Escucharla causa el florecimiento de pensamientos oscuros y reflexivos de nuestra psiquis, aquellos que sólo dejamos salir en nuestros cinco minutos de misantropía. La densa niebla de una música creada desde el rincón más alejado, y no por ello menos entrañable, del corazón, nos hace recordar que se necesita oscuridad para poder apreciar la luz que nos rodea.


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